Por: Balmore González Mira

Una reciente experiencia y la conversación con algunos ciudadanos, me llevan a escribir sobre la necesidad de humanizar el servicio público. Padecer un superior malo, así literal, porque la maldad existe en los seres humanos; un jefe manipulador o maltratador, hace que las desmotivaciones en el equipo de trabajo lleven a un mal servicio al cliente, bien en el sector público o en el privado. En el privado se da al traste con el éxito empresarial, en lo público se va hasta el descontento de los administrados y a un deterioro del ambiente laboral que conlleva a denuncias por maltrato, acoso laboral y hasta la generación de traumas sicológicos en los subalternos. Las preferencias con algunos y el desprecio a otros servidores conllevan a la discriminación como un factor de mala administración. Descontento y falta de ganas son el resultado de una mala administración del personal a cargo.

Conocimos de cerca casos dónde los superiores o mal llamados jefes reúnen pequeños grupos de subalternos para dedicarse a hablar mal de otros compañeros, los descalifican y hasta los calumnian para darle gusto al “motivador” de la reunión, al “líder” del chisme y del mal comentario. Esos jefes, que no precisamente son líderes pelean con todo el mundo, con sus compañeros y con sus subalternos y hasta con los ciudadanos de afuera, que son quienes requieren de sus servicios. No tienen la menor idea de cómo tratar a todos los seres humanos que hacen parte de una organización, en el entendido que es tan importante quien la encabeza como el que asea, el portero o quién sirve los tintos.

Conversando con estos amigos víctimas de estos casos, concluimos porqué algunas dependencias no funcionan y es claro que cuando estas situaciones se presenta muchos de los que se rodea ese mal jefe, siempre resultan ser seres que copian su proceder y se vuelven igualmente hipócritas, maltratadores, cizañosos, y solapados. Practican la injuria para darle gusto al jefe y son trepadores por excelencia. Promueven el desprestigio cómo otra forma de afianzamiento.

Las consecuencias que se derivan de estas conductas llevan a procesos disciplinarios que a veces son lentos, pero que pueden surtir efectos; y lo más grave es que muchas veces la cabeza de organización no sabe que dentro tiene jefes que actúan más como tiranos que como unos verdaderos profesionales en lo que hacen. Las dependencias deben aplicar permanentemente exámenes de salud mental en las oficinas para que vayan curando las heridas que dejan los despiadados comportamientos de enfermos sicológicos que creen que a través del maltrato logran los mejores resultados, y está demostrado que es mediante el buen trato a todos quienes están a tu alrededor dónde se logran y forjan los mayores éxitos.