LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

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08 de Septiembre

En Juan 14,21-26 leemos unas preciosas promesas que nos hablan de la intimidad de Dios en nuestros corazones. Los que aman a Dios se convierten en verdaderos templos de la presencia del Padre y de Jesús. Sólo esa presencia de amor hace posible cumplir de verdad los mandamientos, vivir lo que el Señor nos pide.

Pero luego aparece alguien más haciéndose presente en la intimidad de los creyentes: el Padre enviará el Espíritu Santo. Él es el que enseñará todo a los discípulos para que puedan comprender las enseñanzas de Jesús.

En realidad el Espíritu Santo no enseñará cosas que Jesús no haya dicho, sino que recordará y hará comprender en profundidad las palabras de Jesús.

Jesús sabe que los discípulos no pueden comprender todas sus palabras, pero les promete que cuando llegue el Espíritu Santo él les hará alcanzar la verdad completa (Juan 16,13). En realidad este texto dice «los conducirá en la Verdad completa».

Y como en el Evangelio de Juan la Verdad es el mismo Jesús, esto significa que el Espíritu Santo nos conduce dentro del misterio de Jesús para que podamos comprenderlo plenamente. No significa entonces que el Espíritu Santo nos da algo que Jesús no nos puede dar, o que nos enseña cosas que Jesús no nos enseñó. En realidad lo que él hace es recordarnos las enseñanzas de Jesús e introducirnos dentro del misterio de Jesús para que podamos comprender mejor sus palabras y amarlo más.

El Espíritu Santo nos lleva a Jesús, nos acerca más a él, nos hace entrar en él. Y en cada momento de nuestra vida él nos recuerda las palabras de Jesús para que iluminen nuestra existencia y nos permitan seguir el buen camino. Por eso Jesús dice que el Espíritu Santo «no hablará por su cuenta» (Juan 16,13).

En todo lo que el Espíritu Santo hace está dando gloria a Jesús, ya que lo que él comunica es lo que recibe de Jesús (v. 14), así como Jesús comparte todo con el Padre amado (v. 15).

¿Vale la pena ser generosos?

¿Vale la pena ser generosos, ser buenos, ser compasivos, si los demás no te lo reconocen? Claro que vale la pena, porque todo lo que hagas produce un movimiento, un impulso, una fuerza invisible que da vueltas por el mundo.

Como es algo misterioso y secreto, no tendrás ni aplausos, ni agradecimientos, ni premios. Pero ¿qué es lo que realmente interesa, tener reconocimientos o sentir que tu vida sirve para algo?

Todo lo que hagas de bueno ayudará a levantar este mundo, a purificarlo, a mejorarlo. Cada obra buena hecha con generosidad y amor le aportará al mundo una fuerza positiva que hará mucho bien sin que puedas verlo. Ese bien que sembraste correrá por las venas invisibles de la sociedad y del planeta.

Porque el Espíritu Santo toma tu entrega de amor y la utiliza para provocar algo en el seno de esta tierra.

Un día dirás: ¿para qué me puso Dios en este mundo?, ¿qué le dejé a la humanidad?

Entonces, ya no te preguntes si vale la pena ser bueno, ser generoso, ser amable. ¡Claro que vale la pena!

Autor: Mons. Víctor Manuel Fernández.
®️ Editorial Claretiana.

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