LA DECEPCIONANTE GESTIÓN EN ANDES
Por: LUIS CARLOS GAVIRIA ECHAVARRÍA
Ha transcurrido ya un año y medio de legislatura para el Concejo Municipal de Andes, y el balance no puede ser más desalentador: ni transparencia, ni liderazgo, ni resultados. El órgano que debería representar los intereses de la ciudadanía ha terminado convertido en un eco vacío de la administración municipal, un simple comité de aplausos que asiente sin cuestionar, sin proponer, sin defender el bien común.
¿Dónde están los informes detallados que deben dar cuenta del seguimiento que el Concejo realiza sobre las acciones del alcalde y su equipo? ¿Qué han hecho estos cabildantes por la niñez, la juventud, los barrios, el campo, la salud o la educación? La comunidad no tiene respuestas porque el Concejo no habla, no informa, no comunica. Y ese silencio es inadmisible.
Particular preocupación genera la total indiferencia frente al Consejo Municipal de Juventud (CMJ). A pocos meses de una nueva elección de sus integrantes, ni siquiera sabemos si el Concejo Municipal ha cumplido con lo que la Ley Estatutaria de Juventud exige: al menos dos sesiones anuales conjuntas con ese órgano consultivo. ¿O será que el compromiso con los jóvenes se limita al discurso fácil de campaña?
En este panorama de opacidad, surgen más preguntas que respuestas. ¿Cuánto le cuesta al municipio sostener el Concejo? ¿Cuánto gana cada concejal por concepto de honorarios? ¿Cuántos proyectos de acuerdo han sido de su autoría? La verdad es que, hasta ahora, la gran mayoría se limita a aprobar sin reparo alguno los proyectos enviados desde la administración. ¿Dónde quedó la autonomía, el criterio, la representación ciudadana?
El papel del Concejo no es ser notario de los caprichos del ejecutivo, sino ser contrapeso, control político y legislador local. ¿Cuántas veces han alzado la voz cuando algo anda mal? ¿Dónde estaban cuando se debió exigir claridad sobre el Programa de Alimentación Escolar (PAE)? ¿Cuántos estudiantes se benefician realmente de ese programa en Andes? ¿Se ha fiscalizado su calidad, su cobertura, su ejecución? El silencio vuelve a ser la única respuesta.
Y qué decir de las inasistencias a las sesiones. ¿Se lleva un control riguroso? ¿Se presentan excusas válidas? ¿Se han abierto procesos disciplinarios por inasistencia injustificada? La ciudadanía merece saber si sus representantes están cumpliendo con el mínimo deber de asistir a las sesiones para las que fueron elegidos y por las que reciben un salario pagado con los impuestos de todos.
Con tristeza —pero con firmeza— debemos decirlo: hoy por hoy, el Concejo de Andes no representa los intereses del pueblo. Representa la vieja política, la sumisión, el cálculo electoral, la mediocridad disfrazada de formalismo.
Andes necesita un Concejo vigilante, propositivo, valiente, comprometido con el desarrollo local. No uno conformista y complaciente. Ya es hora de que la ciudadanía despierte y exija resultados concretos, rendición de cuentas y un cambio urgente en la manera de ejercer el poder desde el cabildo municipal.
Porque la democracia no se construye con discursos vacíos ni con concejales serviles. Se construye con verdad, con coherencia y con dignidad. Y esa, tristemente, ha sido la gran ausente en la actual gestión del Concejo de Andes.
