Por Iván de J. Guzmán López – Periodista – Escritor

Supe que la reforma a la salud, presentada al Congreso de la república hace poco, es vergüenza nacional. Un adefesio (en plena pandemia) que seguiría propiciando la corrupción y condenando a la miseria, a la desolación y a la muerte, a buena parte del pueblo Colombiano.

Supe, por palabras de Juan Daniel Oviedo Arango, director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), poniendo cara de mártir en los noticieros nacionales, que “las personas en situación de pobreza en Colombia, aumentaron en 661.890 el año pasado, mientras que aquellas que están por debajo de la línea de pobreza extrema sumaron otras 728.955. Esto significa que la pobreza en el país aumentó un punto porcentual en el último año, al pasar de 34,7 por ciento en 2018, a 35,7 por ciento en 2019, lo que indica que cerca de 17,5 millones de personas en el país estaban en esa condición el año pasado. Por su parte, los individuos en condición de pobreza extrema en el país aumentaron el año pasado en cerca de 729.000, lo que hizo que unos 4,7 millones de personas se encontraran en esa situación, elevando el indicador de 2,2 en 2018, hasta el 9,6 en 2019”. Me pongo el tapabocas en los ojos, si me hablan del indicador pobreza, en lo que va corrido de este 2020.

Supe, leyendo el editorial de El Tiempo, en su edición del miércoles 14 de octubre de 2020, que “Los indicadores confirman que la economía colombiana tocó fondo en abril…; que  naciones con economías altamente dependientes de las exportaciones petroleras, como Colombia, afrontan una recuperación más débil que las economías sostenidas en las industrias manufactureras. Que si bien el Ministerio de Hacienda se mantiene en su proyección de una contracción del 5,5 por ciento de la economía colombiana en 2020 y un repunte de 6,6 por ciento para el año entrante (¡Cómo creerle al ministro Carrasquilla!), la mayoría de analistas estiman una caída entre el 7 y el 8 por ciento. De hecho, las estimaciones actualizadas del Fondo Monetario Internacional, son de -8,2 por ciento este año”.

Remata el editorial: “Queda la urgencia, reconocida por el ministro Carrasquilla, de las reformas estructurales pendientes en los temas laboral, pensional y fiscal. Crece la inevitabilidad de un nuevo cambio en las reglas de juego tributario el año entrante, que contribuya a cerrar el hueco de 2 puntos del PIB en 2022”. Conociendo al Ministro de Hacienda, podemos decir, sin usar sombrero de mago, que “reformas estructurales”, en labios de Carrasquilla, significan, sencilla y llanamente, más impuestos para los colombianos, más desempleo, más pobreza, más inequidad.

Termina el editorial, poniendo el dedo en la llaga: “Otro reto para la recuperación es el de la equidad. El Dane confirmó que en 2019, los niveles de pobreza subieron un punto porcentual; 661.000 personas cayeron en esta condición. Esto significa que Colombia llegó a enfrentar la pandemia de covid-19 con un ligero retroceso en materia social”.

Y concluye el editorial: “Con mayor razón, el plan de recuperación económica, tanto del Gobierno Nacional como de las administraciones locales, debe incluir medidas y programas para mitigar estos impactos, blindar los empleos y proteger a los más vulnerables de la sociedad”.

Supe, por la sección Economía y Negocios de El Tiempo, en su edición del 30 de septiembre 2020, que “La tasa de desempleo nacional para agosto del 2020 se ubicó, de acuerdo con el informe sobre el mercado laboral presentado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane), en 16,8 por ciento, 6 puntos porcentuales más que en agosto del año pasado, cuando este índice llegó al 10,8 por ciento. En comparación con agosto del año pasado, la población ocupada se redujo en 2,4 millones de personas. En total, el mes pasado se registraron 3’965.000 de personas sin trabajo en Colombia”.

Si este gobierno (y el que llega) tiene voluntad política, se desteta de los 3 ó 4 grupos económicos que lo tienen trabajando para ellos, y hace las reformas estructurales que se requieren para enderezar el país, estoy seguro que esos 17,5 millones de compatriotas que en el 2019 aparecen en condición de pobreza, agregados a los  3’965.000 de personas sin trabajo, más los 4,7 millones de colombianos en situación de pobreza extrema, serán barrera fundamental contra el tal castrochavismo, si es que esta denominación alude a Venezuela, con su tiranía evidente, con su economía arrastrada en hojarasca, con su secuestro de las instituciones, con sus fuerzas armadas sometidas al delito, con sus millones de ciudadanos desempleados, hambrientos y deambulando como parias por el mundo.

Si la palabreja “castrochavismo” traduce la situación de Venezuela, roguemos a Dios que nos libre de semejante abismo, pero hagamos las reformas estructurales que se requieren, porque mi abuelo repetía “Dios dijo, ayúdate que yo te ayudaré”. No busquemos el ahogado rio arriba. Si tenemos que buscar culpables a la hora de pensar con terror en el fantasma del castrochavismo, somos nosotros, los demócratas de Colombia, los que tenemos que examinarnos, pues con indicadores de esclavos (como los arriba expuestos), es evidente que no hemos sabido defender y fortalecer año a año nuestra querida y necesaria democracia. Revisemos quiénes están en el Congreso, quiénes en los ministerios, quiénes en las embajadas, quiénes en las gobernaciones, quiénes en las alcaldías.      

Para llegar a la parroquia, a nuestra querida Antioquia, digamos que, según reporte de El Colombiano, en su edición del 10 de diciembre de 2019  (las cifras de este año producen escalofrío), la situación es macabra: “En Antioquia, la región de la bonanza, la producción en masa y el abastecimiento, la dieta balanceada sigue siendo uno de los problemas cruciales en las familias: 7 de cada 10 hogares del departamento se encuentran en riesgo por inseguridad alimentaria. ¿Esto qué significa? Las cifras son preocupantes: en 2019, por ejemplo, el 18,9 % de los niños y niñas menores de cinco años estaba en riesgo de desnutrición global. La anemia afectó al 25,1 % de esta población y los registros mostraron el retraso en talla en un 10 %”.

Si buscamos un poquito en la sola parroquia durante este 2020, sabremos del desastre en materia de educación, desempleo, inseguridad, violencia, hambre, desplazamientos, asesinatos y gobernantes inmersos hasta el cuello en asuntos de corrupción.

Así, con este panorama, sabiendo que estamos en una sociedad sin voluntad para dar solución a estos problemas de tercer mundo, temámosle al castrochavismo. Mientras no hagamos las reformas que el país necesita; mientras las reformas sean vergonzosas, como  la de la salud, ¡tengámosle terror al tal castrochavismo!

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