ES PRECISO CONOCER EL FIN HACIA EL QUE DEBEMOS DIRIGIR NUESTRAS CONDUCTAS

 Por tres métodos podemos adquirir la sabiduría de nuestras conductas: Primero por la reflexión, la más noble; segundo, por la imaginación, la más sencilla; y tercero, por la experiencia, la más amarga.

POR LUIS FERNANDO PÉREZ ROJAS

En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto.  Desde el hombre y la mujer más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser.  ¿No sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?, ¿no resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres y mujeres?

Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de acuerdo con nuestras inclinaciones naturales.  Cuando el alma se halla agitada por la cólera, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla cohibida por el temor carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla embriagada por el placer, no puede mantenerse fuerte; cuando el alma se halla abrumada por el dolor, tampoco puede alcanzar esta fortaleza.  Cuando nuestro espíritu se halla turbado por cualquier motivo, miramos y no observamos, oímos y no escuchamos, comemos y no saboreamos.

Raras veces los hombres y mujeres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.  Lo que desapruebes de tus superiores, no lo practiques con tus subordinados, ni lo que desapruebes de tus subordinados debes practicarlos con tus superiores.  Lo que desapruebes de quienes te han precedido no lo practiques con los que te siguen, y lo que desapruebes de quienes te siguen no lo hagas a los que están delante de ti.

No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter, y buscar sólo lo accesorio, es decir, las riquezas, sólo puede dar lugar a la perversión de los sentimientos del pueblo, el cual también valorará únicamente las riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.

Si el gobernante utiliza las rentas públicas para aumentar su riqueza personal, el pueblo imitará este ejemplo y dará rienda suelta a sus más perversas inclinaciones; sí, por el contrario, el gobernante utiliza las rentas públicas para el bien del pueblo, este se le mostrará sumiso y se mantendrá en orden.

Si el gobernante o los legisladores promulgan leyes o decretos injustos, el pueblo no los cumplirá y se opondrá a su ejecución por medios violentos y también injustos.  Quienes adquieran riquezas por medios violentos e injustos del miso modo las perderán por medios violentos e injustos.

Sólo hay un medio de acrecentar las rentas públicas de un pueblo: Que sean muchos los que produzcan y pocos los que disipen, que se trabaje mucho y que se gaste con moderación.  Si todo el pueblo obra así, las ganancias serán siempre suficientes y los pueblos evidenciarán un desarrollo económico, cultural, social, educativo y financiero.

Cuando estemos frente a gobernantes dignos debemos imitarlos.  Cuando estemos

frente a gobernantes indignos, debemos mirarnos a nosotros mismos y corregir

nuestros errores.

LUIS FERNANDO PÉREZ ROJAS                  Medellín, junio 7 de 2024