QUE NO NOS CALLE EL MIEDO, NI NOS VENZA LA DESILUSIÓN

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Por: LUIS CARLOS GAVIRIA ECHAVARRÍA

Agradezco profundamente cada uno de los comentarios que he recibido tras la publicación de “Andes no se rinde”. Lejos de generar controversia gratuita, el objetivo siempre ha sido despertar la conciencia dormida de un pueblo noble que ha sido víctima de la indiferencia, de la manipulación política y de una dirigencia más preocupada por sostener privilegios que por transformar realidades.

Es cierto: hay un desgobierno evidente. No gobierna quien fue elegido, sino un grupo de intereses que se reparten el municipio como si fuera un botín. Los ciudadanos lo saben, lo comentan en voz baja, lo murmuran en reuniones, lo ven con impotencia en su día a día. Lo que antes era sospecha hoy es certeza: aquí no hay dirección, no hay liderazgo, no hay compromiso real con el desarrollo del pueblo.

Lo más doloroso, sin embargo, no es la ineptitud de los que gobiernan, sino el silencio de quienes deberían exigirles cuentas. Ese silencio cómodo, resignado o temeroso ha permitido que la politiquería se instale como forma de gobierno. Y claro, cada cuatro años aparece el mismo libreto: promesas recicladas, alianzas sin escrúpulos, candidatos maquillados con discursos prefabricados, y el intento desesperado de reciclar figuras que ya cumplieron su ciclo o que tienen cuentas pendientes con la ética y la ley.

Un amigo, con lucidez y honestidad, me escribió algo que merece ser compartido: “Pienso, como siempre, que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. Esa impavidez de los andinos, especialmente si nos remontamos a las últimas tres administraciones, demuestra una especie de conformismo frente a los abusos. Los males no deben dirigirse exclusivamente al gobierno de Vélez; también hay que mirar la herencia macabra: lo que sucede en el hospital desde que se le entregó a Arroyave en la alcaldía Mejía y que abrazó Osorio. ¿Y qué decir de la EPA? ¡Ah! Y el pueblo ahí, aplaudiendo. Creo que el mal es un tumor que viene creciendo mucho más en los últimos tres procesos, sin decir que de ahí hacia atrás no haya pasado nada. No me exculpo tampoco”.

Esta reflexión pone el dedo en la llaga: Andes no necesita más de lo mismo. No más títeres, no más herencias políticas, no más “mesías” con sonrisas falsas y compromisos a medias. Lo que Andes necesita es ciudadanía despierta, organizada y valiente.

Aquí no se trata de vetar a personas por su pasado, pero sí de entender que quien quiera liderar este municipio debe venir con las manos limpias, la conciencia clara y el corazón puesto en el servicio, no en la revancha ni en el interés particular. Si no entendemos eso, seguiremos votando por el que más bulla haga, no por el que más soluciones proponga.

A quienes han dicho “todos comen” y que “nosotros mismos tenemos la culpa”, les digo: sí, tenemos responsabilidad, pero también tenemos el poder de cambiar el rumbo. Cada vez que elegimos mal por miedo, por necesidad o por conveniencia, hipotecamos el futuro de Andes. Y no es tarde para corregir.

Hacer oposición no es pelear por pelear. Es poner la lupa donde otros ponen el velo. Es hablar cuando otros prefieren callar. Es construir desde la crítica. Es entender que la dignidad de un pueblo no se negocia en una oficina ni se regala en campaña. Se conquista con hechos, con coherencia, con verdad.

No tengamos miedo. Si no hablamos hoy, si no actuamos ahora, mañana ya no tendremos ni el derecho de quejarnos. Porque no se trata solo de denunciar lo que está mal, se trata de unirnos para hacerlo bien.

¡ANDES MERECE MÁS! ¡Y LO MERECE YA!