LA UNIVERSIDAD COMO CENTRO DE IRRADIACIÓN EDUCATIVA

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POR: LUIS FERNANDO PÉREZ ROJAS

Toda Universidad, como bien sabemos, entiende que debe realizar una función educativa conforme a

su naturaleza, en todas las dimensiones del espíritu humano, que alcance de un modo u otro al mayor

número de personas que sea posible.

Nuestras Universidades además de los aspectos relativos a la preparación para el ejercicio de una profesión y para el trabajo científico, se desea contribuir a formar hombres y mujeres de recto criterio, que poseen ideas sólidamente asentadas sobre las cuestiones de mayor trascendencia para el ser humano, acerca de los grandes temas que informan la cultura humana y la misma sociedad.  Se requiere favorecer el desarrollo pleno de la personalidad, con la debida estimación de los más altos valores del espíritu, de modo que se alcance la mayor capacidad de actuación libre y responsable.

A lo largo de las sesiones de las diferentes instancias y Consejos Superior o Directivo, Administrativo, Académico, entre otros, deben contemplar desde diversas perspectivas las crisis de la sociedad contemporánea.  La falta de convicciones, de criterio bien formado, la confusión que hace vacilar o aun paraliza, y otras veces las formas larvadas de egoísmo que llevan a desentenderse de los asuntos de interés común, cediendo a la cobardía, la perimisividad o la pereza, aparecen sin duda entre las causas más potentes de la situación actual, de que la sociedad anda desorientada, moviéndose de un lado para otro tras espejuelos engañosos, sin arraigarse con firmeza en sólidos principios permanentes.

Resulta sin duda acuciante desplegar una amplia tarea educativa que contribuya a devolver al hombre y la mujer su Norte, su verdadero sentido.  A esta empresa universitaria estamos llamados, por supuesto, quienes por profesión somos educadores y educadoras.  Pero se requiere una verdadera movilización general de cuantos sean capaces de compartir una concepción ética y moral frente a la vida.

En algunos paneles hemos podido captar algunos rasgos de la acción educativa de la Universidad con sus alumnos.  Para realizarla, además de los diversos tipos de actividades académicas y culturales, es preciso conjugar la vida y la ciencia, la relación personal y el ejemplo, “el contacto y el contagio” -se nos decía-.  Quiero que sepan que es afán primordial de la Universidad, en estos momentos, intensificar aun más la relación entre educadores y alumnos y todo cuanto pueda favorecer a su educación humana, cívica, académica y espiritual, siempre con un delicado respeto a la libertad de cada uno.

Mas esta acción educativa de la Universidad ha de ser aun más rica en contenido, ha de ser una luz más pura y luminosa y ha de llegar a ámbitos mucho más amplios.  La educación no es una actividad que sólo se ejerce en una determinada etapa de la vida, sino que sigue siendo importante a lo largo de toda ella, aunque haya de cambiar evidentemente en su forma.  De otra parte, no debe olvidarse que todos y cada uno, con nuestra actuación, cualquiera que sea la edad, actividad y situación personales, influimos positiva o negativamente en la educación de los demás.  Cualquier acción humana realizada en la Universidad, incluye un valor educativo del signo que sea.  Por esto, la Universidad siente la necesidad de prestar aun más atención al enriquecimiento educativo de alumnos, educadores y personal no docente de todo tipo, en cuanto son sujetos a la vez activos y pasivos de la educación.

Y quiere alcanzar con la luz de la verdad a muchos otros.  En otras columnas pasadas hablábamos del papel de la Asociación de Exalumnos que podría tener en esta labor de extensión de la acción cultural y educadora de la Universidad.  Es un camino por el que, con su cooperación nos permiten avanzar con tenacidad y empeño.

También queremos aumentar la relación personal con los Padres de los alumnos, como alguna vez lo hizo la Universidad de Antioquia, para que conozcan mejor la Universidad, su espíritu, el sentido de la educación que en ella se desarrolla.  Así podrán quizá realizar con ese mismo espíritu la tarea educativa que deben ejercer mientras vivan respecto de sus hijos.

Esperamos así mismo, reforzar los vínculos que nos unen a quienes fueron nuestros alumnos.  Nos sentimos algo corresponsables de comportarse en la vida, y querríamos, porque les queremos completar lo que se inició en las aulas universitarias, seguir prestándoles de alguna manera ayuda y consejo, ahondar en su amistad.  Es una tarea dificultosa, en la que la Universidad ha avanzado menos de lo que hubiéramos deseado; pero toda la comunidad universitaria siempre está firmemente resuelta a dar en este tiempo de crisis que vivimos los colombianos, los pasos decisivos para sembrar las semillas de la libertad, la justicia, la verdad, la ciencia y la paz.

LUIS FERNANDO PÉREZ ROJAS                                                            Medellín, mayo 3 de 2025