La Misiva a nuestro Presidente

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Por: Abdiel Mateus Herrera.

Escribir una carta a un dignatario suele tener algo de torpeza y, al mismo tiempo, de
ingenuidad. La mayoría de misivas nunca llegarán a su destinatario o quizás a ser leídas.
Aun así, es bueno intentarlo. El motivo por el cual quise escribirle radica en una propuesta
que le pido considere en el marco de la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, para
definir un proceso y un método. La finalidad: que en Colombia aprendamos a hablar
mandarín a tiempo.
Quizás una de las lecciones que nos queda del relacionamiento con Europa y Estados Unidos
en los últimos 120 años está en no haber convertido los idiomas en una herramienta y un
punto de partida. Ello deviene del profundo latifundismo mental de las élites, que asumen
que formar un pueblo es la pérdida de sus privilegios.
Esto es parte de los errores en nuestra historia: el no educar a un pueblo en los idiomas de
los países en los cuales depositamos nuestros intereses comerciales es pretender lucrarse de
un contexto social que ni siquiera entenderíamos. Hacer del idioma otra barrera de clase
nos ubica hoy en un penoso lugar, al tener una población que no habla inglés, no habla
francés, no habla alemán y, mucho menos, mandarín o alguna de las lenguas arábicas.
Nuestro modelo educativo no ha sido funcional en el proceso formativo, por ejemplo, del
inglés, por lo que nunca le dio un enfoque o un fin real, como lo es el forjar relaciones
comerciales. Sí impuso la idea de “debes hablar inglés”, pero sin un método funcional y
aspiracional. Por ello, le quisiera pedir que considere lo siguiente.
Algo que no se suele definir en los acuerdos entre gobiernos es fijar un proceso que se
operativice a corto, mediano y largo plazo, en la forma como nos vamos a relacionar desde
la lengua del otro país al cual pretendemos convertir en aliado. El comercio, singularmente,
reclama hacer del idioma el primer punto para el intercambio. En este sentido, se necesita
concertar con el Gobierno de la República Popular de China la constitución de un centro de
idiomas para el 2026, financiado y coordinado desde los dos Estados, dirigido a la
formación en mandarín para la población de Colombia, con énfasis en los jóvenes de los
barrios populares. Tenemos que hacer del mandarín una cultura común, un idioma cercano
y accesible a la gente, que permita generar una apertura mental en el sentido de la
posibilidad. Si hablamos su idioma, podemos ampliar las expectativas comerciales, y que
quienes puedan dar este paso sean los jóvenes apoyados por una institución del Estado. No
podemos cometer el error de hacer del aprendizaje del mandarín un negocio al cual solo
puedan acceder unos pocos.
Sugiero que usted pueda concretar, con las embajadas de nuestros respectivos países, un
programa de formación para los estratos del 1 al 3, para la formación gratuita por dos años
en el mandarín. Hacer algo similar a lo que hace el SENA con la formación de técnicas y
tecnologías; en este caso, una formación en el mandarín, donde se pueden emplear métodos
similares a los que ha probado esta institución, que coloco a modo de ejemplo. Se necesita
un programa que pueda tener alcance a nivel nacional, financiación, formación presencial
o virtual según la capacidad operativa, cuyo énfasis en el modelo pedagógico se concentre
en la cotidianidad desde aspectos como lo son la cultura y el comercio en la RPC. El poder
focalizar las necesidades en estos ámbitos permite abarcar las dos condiciones esenciales
del relacionamiento: el cómo percibes tu entorno y contexto y el cómo subsistes. Lo pongo
en una premisa: “Un buen negocio parte de una buena comunicación y un buen
entendimiento”.
Por ello, el enfoque de esta propuesta debe ser el formar a nuestros nuevos comerciantes
desde un enfoque social, sin las barreras de las traducciones
; que nuestros jóvenes aprendan
a intercambiar todo lo que sea necesario con el pueblo chino de forma directa.
Comprendo que, como país, tenemos la profunda dificultad de tener que coexistir con un
imperio decadente y, al mismo tiempo, entender las complejidades de un imperio emergente.
Pero no podemos cometer el mismo error que se ha presentado en los últimos 120 años:
nunca fue una prioridad formar al pueblo en los idiomas de Europa; nunca fue una
prioridad, cuando tuvo que serlo, el aprender el inglés en los 50s. No podemos volver a
cometer por tercera vez el mismo error. Son errores con repercusiones generacionales.
Esto es un tema de estrategia, como los caracoles avanzando lentamente a su objetivo. Por
ello, debemos empezar a tiempo, coordinar con el Ministerio de Educación y Ministerio de
las Culturas, la Cancillería, las embajadas y los sectores del comercio que quieran aportar
a una iniciativa en este sentido, que permitan consolidar un fondo común para crear una
institución colombo-china para la formación en el mandarín, que concentre las herramientas
necesarias para llevar la oferta formativa a municipios y veredas donde se pueda iniciar con
un proyecto piloto. Que permitan llevar el mandarín a los barrios, que permitan a los jóvenes
pensar en aspirar a algo diferente al falso dilema del norte. También existe Oriente.
Necesitamos un centro de idiomas colombo-chino, a cargo del Estado, que construya la
capacidad de articular todo tipo de herramientas y recursos para hacer esto posible. Es algo
potencialmente viable. Si queremos construir alianzas estratégicas, necesitamos diversificar
la formación en diferentes idiomas, pero esto debe ser un proceso a cargo del Estado.
Que los jóvenes populares, con el respaldo del Estado, puedan cursar estudios eficientes por
el tiempo que corresponda. Que nuestros jóvenes puedan aspirar a aprender que el inglés
no es la única lengua. Lo ideal sería que, antes de terminar su periodo, existiera un instituto
colombiano de formación que tuviera capacidades similares al SENA para proporcionar a
la gente estudios en idiomas como el árabe, el turco, el francés, el portugués, el polaco o el
alemán. Pero podemos empezar por el mandarín. Es hora de que las embajadas cumplan
una función real de tejer vínculos abiertos para con la gente.
En la década de los 60s, en los colegios de Colombia se enseñó francés. Es hora de volver a
lo que sí funcionaba. Necesitamos apertura mental, y perdóneme si debo usar una frase para
sintetizar lo que quisiera que considere, que es un fragmento del Tractatus de Ludwig
Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
China representa una parte crucial de nuestro futuro, por lo cual, lo más sensato, prudente
y quizás realista es entender su mundo y su cosmovisión más allá de la necesidad. Es
entender que, para asumir la emergencia de este nuevo poder, lo esencial radicará en
comprenderlo en lo más sencillo y lo más complejo, entendimiento que solo es posible si
comprendemos su lengua.
Intenté concentrar las bases para que, en el 2026, Colombia pueda hablar de una institución
de formación en idiomas de carácter público y popular. Por hoy, empezamos a pensar en
cómo hacer esto posible con el mandarín.

Abdiel Mateus Herrera.
Coautor: Agenda de transición democrática: otra Colombia es posible.
Medellín, 22 de abril de 2025.

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