Una virtud honesta y elocuente para encontrar y atesorar verdaderos amigos, se precisa del arte de
cultivar la verdadera amistad que, hoy, reclama la sociedad donde actuamos.
POR: LUIS FERNANDO PÉREZ ROJAS
En un mundo donde las redes sociales, las relaciones online y un creciente aislamiento amenazan la idea misma de las amistades profundas y auténticas, la búsqueda de verdaderos amigos y amigas es más importante que nunca. Hoy, quiero recordar al célebre político y filósofo romano Cicerón, quien nos ofrece una cautivadora guía para encontrar, conservar y valorar a los amigos y amigas. Con ingenio y sabiduría, Cicerón nos muestra no sólo cómo construir amistades sino también por qué deben ser una parte clave de nuestras vidas. Porque, como dice Cicerón, una vida sin amigos y amigas no merece la pena ser vivida.
El arte de cultivar la verdadera amistad está lleno de consejos universales sobre el tema. A mi juicio, por mi experiencia de vida, algunos de los mejores son los siguientes:
- Existen diferentes clases de amistad: Cicerón reconocía que a lo largo de la vida conocemos a muchas buenas personas a las que llamamos amigos y amigas, socios, vecinos, etc. Sin embargo, afirmaba que hay una diferencia esencial entre los conocidos que nos resultan convenientes y esas pocas personas con las que nos vinculamos profundamente. Dichas amistades especiales son escasas, pues cultivarlas exige tiempo, prudencia, lealtad y voluntad. Estos son los amigos y amigas que nos transforman, tanto como nosotros los transformamos a ellos y ellas.
- Solo las buenas personas pueden ser verdaderos amigos y amigas: Es cierto que las personas de escasa fibra moral y ética pueden tener amigos y amigas, pero solo podrán ser amigos y amigas de conveniencia por la simple razón de que la autentica amistad exige integridad, confianza, sabiduría y una bondad empática básica. Los tiranos y los canallas se utilizarán unos a otros, igual que utilizan a las buenas personas; sin embargo, nunca encontrarán la verdadera amistad.
- Debemos elegir a nuestros amigos y amigas con precaución: Al iniciar una amistad es necesaria la prudencia, aunque solo sea por lo doloroso que resulta terminarla cuando el amigo o la amiga no resulta ser la persona que creíamos. Hay que tomarse el tiempo que haga falta, actuar con calma y descubrir qué hay en el fondo del alma de la otra persona antes de entregarle esa parte de nosotros mismos que la verdadera amistad exige.
- Los amigos y amigas nos hacen mejores personas: Es imposible florecer en soledad. Si nos aislamos, acabaremos por estancarnos y perderemos la capacidad de vernos tal y como somos. Un amigo o amiga de verdad siempre supone un reto para ser mejores personas porque es consciente de nuestro potencial.
- Haz amigos y amigas nuevos, pero conserva los antiguos: No hay mejor amigo o amiga que la persona que está con nosotros desde el principio. Sin embargo, tampoco es conveniente limitarse a las amistades de la juventud, pues están fundadas en intereses que quizá ya no compartimos. Hay que estar abiertos a las nuevas amistades, también con personas más jóvenes que nosotros. Ambas partes saldrán enriquecidas de ello.
- Los amigos y amigas son sinceros entre sí: Los amigos y amigas nos dicen lo que necesitamos escuchar, no lo que queremos que nos digan. El mundo esta lleno de aduladores, pero tan solo un verdadero amigo o amiga, o incluso un enemigo o enemiga, se arriesgará a enojarnos con la verdad. Como nosotros también somos buenas personas, escucharemos a nuestros amigos y amigas y recibiremos sus palabras con la debida gratitud.
- La amistad es un premio en sí misma: Cicerón reconocía que la amistad tiene ventajas prácticas como el consejo, el compañerismo, el apoyo a la adversidad, pero en el fondo, afirmaba, la verdadera amistad no es una relación comercial. No busca compensación ni necesita cuadrar las cuentas.
- Un amigo o amiga nunca nos pedirá que obremos mal o deshonestamente: Un amigo o amiga lo arriesga todo por otro menos su honor e integridad. Si un amigo o amiga nos pide que mintamos, engañemos u obremos de forma indigna, debemos considerar atentamente si esa persona es quien creíamos que era. Dado que la amistad se basa en la bondad empática, no puede existir cuando se nos exige obrar mal en su nombre.
- Las amistades pueden cambiar con el tiempo: Las amistades de la juventud no serán iguales en la vejez, y está bien que así sea. La vida nos transforma, pero los valores y las cualidades que un día nos atrajeron pueden sobrevivir al desgaste del tiempo. Y como el buen vino, la amistad verdadera mejora con la edad.
- La vida sin amistad no merece la pena: O en palabras del propio Cicerón: “Imaginad que un dios te transportara a un lugar donde tuvieres todas las cosas materiales que pudieras desear, pero no hubiera ningún otro ser humano. ¿No tendrías que ser de acero para soportar una existencia semejante? ¿No perderías por completo la capacidad de sentir alegría y placer?”
En mi leal saber y entender, Cicerón nos ha ejercido una influencia y, hoy en día, nos exige mayor discernimiento ante las deslealtades, venganzas y traiciones que se producen en nombre de la amistad. En una época en donde la tecnología y la atención en el “yo” ponen en peligro la idea misma de la amistad y de las relaciones profundas, Cicerón, tal vez más que nunca, todavía tendría mucho que decirnos.
¡Las amistades verdaderas, después de pasar la vida juntos, nos proporciona
un mejor sentido a la existencia humana!
LUIS FERNANDO PÉREZ ROJAS Medellín, noviembre 15 de 2025

