La “persecución de los oligarcas” y el “no dejar gobernar” por parte de “la derecha”, empezó cuando la justicia, a instancias de la Unión Diplomática Colombiana, Unidiplo, y la Asociación Colombiana de diplomáticos, Asodiplo, falló en contra de nombramientos de cónsules y embajadores puestos a dedo por el gobierno.
Por Iván de J. Guzmán López
La incoherencia monumental, 2, tiene que ver con la carrera diplomática, hoy, una de las tantas incoherencias que predicaba el presidente Petro en sus discursos de campaña del 2022, mediante los cuales logró engañar a un grueso número de votantes, mismos que hoy se sienten estafados y hasta avergonzados, según manifestaciones que escucho a diario.
Haciendo simple revisión de prensa, en plaza pública, Petro, prometió:
“Un equipo diplomático más profesional y capaz de lo que es hoy”; argumentaba: “Todos sabemos que la diplomacia colombiana falla, es incompetente e incapaz, guardadas la excepciones. Y esa incapacidad se puede llenar con unos equipos más profesionales, con quienes hayan estudiado, y quienes estén en la carrera diplomática. Que quienes hayan acumulado saberes específicos alrededor de las relaciones internacionales puedan acceder a los cargos y no simplemente, como ocurre hoy, que llegan los hijos de los presidentes, los amigos y las amigas de la clase política, algunos incursos en corrupción”.
Obvio que había máculas y personajes “raros” en algunos consulados y embajadas; y a muchos nos encantó eso de “Un equipo diplomático más profesional y capaz de lo que es hoy”; pero al llegar al poder, todo lo que prometió en campaña se esfumó, trocó en lo contrario, como por arte de magia:
Las embajadas y los consulados se convirtieron en botín burocrático para pagar fidelidades ideológicas. Aparecieron los Roy Barreras, los Benedetti, los nadies y las nadias sin ninguna capacidad profesional, personajes rústicos, primarios y aun con encartes judiciales (como uno que nombraron en México y que cayó pronto como guayaba madura). Hasta en la Unicef montaron embajada y procedieron a nombrar chirretes sin ninguna formación en carrera diplomática, cero capacidad de hablar una sola palabra en inglés y hasta con un español rudimentario, pedestre, a más que ninguna capacidad para entender las singularidades de una negociación internacional y el desconocimiento evidente de la cultura de las naciones a donde llegaban por obra y gracia de “el cambio”, o el compromiso ideológico genuflexo al gobierno.
La “persecución de los oligarcas” y el “no dejar gobernar” por parte de “la derecha”, empezó cuando la justicia, a instancias de la Unión Diplomática Colombiana, Unidiplo, y la Asociación Colombiana de diplomáticos, Asodiplo, falló en contra de nombramientos de cónsules y embajadores puestos a dedo por el gobierno.
Y llegó la confrontación más vulgar y desconocedora de la institucionalidad. Gustavo Petro, entonces, quiso hacer las cosas a lo Maduro: consideró que la mejor forma era cambiar la normatividad vigente, y optar por decretos ejecutivos, e incluso con simples resoluciones emanadas del Ministerio de Relaciones Exteriores. Así, Petro dio la orden a su Canciller de bolsillo, la Sra. Yolanda Villavicencio Mapy, de abolir muchos de los requisitos para ocupar cargos diplomáticos o consulares. La señora de marras, sin consideración alguna, cumplió la orden y expidió la Resolución ministerial 10142 de 2025, mediante la cual se eliminó el requisito de hablar inglés, ser profesional y haber cursado la carrera diplomática.
No contento con el mandado hecho por la señora Villavicencio, el presidente del “cambio” dio nueva orden a su obediente y sumisa Canciller:
“Quite todos los requisitos para ser embajador en Colombia porque están violando la norma constitucional que dice que el presidente es el jefe de las relaciones internacionales”.
Y le agregó:
“Todos los embajadores, a los que yo llamo blancos porque se criaron de la diplomacia feudal, se van”.
Así las cosas, mientras la canciller cumple a rajatabla con las órdenes caprichosas del presidente, el derrumbe institucional se hace visible y la diplomacia pierde toda su capacidad para el relacionamiento internacional y la convivencia adecuada a un Estado respetable y estable desde la normatividad, la capacidad de negociación y los tratados internacionales. Así, el daño que se le hace a Colombia es evidente y malea de manera grave la reputación que se tenía de una nación capaz de ganar mercados, abrir oportunidades y saldar diferencias mediante el diálogo, la altura diplomática y la imagen del país.
Corolario: la incoherencias monumental número 2, deja a Colombia sin interlocutores válidos desde la escasa o nula formación profesional, que desconoce la importancia de una segunda lengua para la comunicación efectiva, desconoce la experticia y tira al cesto de la basura a la carrera diplomática como elemento fundamental para el relacionamiento global basado en el diálogo, la negociación y el respeto, reduciendo todo ello a un problema ideológico trasnochado y arcaico.
A todas estas, ¿qué dice nuestro diplomático estrella, militar y académico colombiano estrella, el querido Julio Londoño Paredes?
A todas estas… ¿Qué dice la Colombia industrial, productiva, económica, académica y emprendedora?

Excelente análisis sobre como debe ser el cuerpo diplomático de un país civilizado
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