Por Iván de J. Guzmán López

La autora estadounidense, conocida sobre todo por sus obras de ficción especulativa y, en especial, por las obras de literatura fantástica, Úrsula Kroeber Le Guin, nacida el ​ 21 de octubre de 1929, en Berkeley, California, y quien falleció hace apenas 6 años largos, el 22 de enero de 2018, en Portland, Estados Unidos, nos recordaba, a menudo, las palabras de Sócrates que tomo prestadas para este título que, perentorias, gozan plena actualidad:

Decía Sócrates: “El mal uso del lenguaje induce el mal en el alma”.

Y comenta la citada autora, a propósito de la tajante y cierta sentencia socrática:

No estaba hablando de gramática. Hacer un mal uso del lenguaje es utilizarlo como lo hacen los políticos y los anunciantes, con fines de lucro, sin asumir responsabilidad por el significado de las palabras. El lenguaje utilizado como medio para conseguir poder o ganar dinero sale mal: miente. El lenguaje utilizado como fin en sí mismo, para cantar un poema o contar una historia, va hacia la verdad. Un escritor es una persona a la que le importa el significado de las palabras, lo que dicen y cómo lo dicen. Los escritores saben que las palabras son su camino hacia la verdad y la libertad, y por eso las usan con cuidado, pensamiento, miedo y deleite. Usando bien las palabras fortalecen sus almas. Los narradores y poetas se pasan la vida aprendiendo esa habilidad y el arte de utilizar bien las palabras. Y sus palabras hacen que las almas de sus lectores sean más fuertes, más brillantes y más profundas”.

Veamos en detalle, la primera parte del sabio comentario de Úrsula Kroeber:

Hacer un mal uso del lenguaje es utilizarlo como lo hacen los políticos y los anunciantes, con fines de lucro, sin asumir responsabilidad por el significado de las palabras. El lenguaje utilizado como medio para conseguir poder o ganar dinero sale mal: miente”.

A propósito, es repugnante el escuchar a algunos políticos, así sea en privado, porque ellos representan a una nación que, desgraciadamente, los eligió; o, simplemente fueron elegidos por un gobernante, igual o peor que ellos:

En uno de los cientos de escándalos y casos de corrupción ocurridos en el gobierno Petro, por ejemplo, uno de sus alfiles preferidos, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, se expresa así, en unos audios bien conocidos por la opinión pública:

 “Yo fui el que organicé todos los votos, hijueputa, en la Costa, todos, hijueputa, sin que pusieran un peso y además esa plata se fue para el Pacífico. ¿Quién ve eso ahora? Nada. ¿O es que quieren que diga, hijueputa, quién fue el que puso la plata?”, dice el personaje. Y agrega, en tono amenazante: “Yo no me voy a dejar mamar gallo, Laura, te lo juro por la vida de mis hijos. Nos hundimos todos, nos vamos presos”.

Y continúa, a propósito de la disputa casera con la otra ficha del  gobierno Petro:

“No me hables más de tu puesto, yo no quiero estar en Palacio, no quiero ser el constructor de todas las c… que llevan adentro. (…) Tú fuiste la que me ofreció el ministerio del interior, no había nadie mejor en el planeta tierra”.

Y prosigue el modesto ofendido: “Hice 100 reuniones, di 15.000 millones de pesos (a la campaña presidencial de Gustavo Petro). Si no es por mí, no ganan. Así sea de hipócrita uno va a recibir a la gente, pero el tratamiento que tú y el Presidente me dieron ayer…”.

Y remata el aludido personaje que, para dar algunas pistas, hoy ostenta el cargo de Embajador y fue nada menos y nada más que Senador y expresidente del Congreso:

“En el momento en que yo diga quién dio la plata aquí en la Costa, yo sé qué es esa m, tú que no sabes un c… de historia, lee cómo empezó el (proceso) 8.000 y por qué empezó, ahí está la clave de todo lo que te va a pasar. Y si tú crees que es un chantaje, cree que es un chantaje, es una respuesta a una forma de h… de ustedes”.

Y Termina así el bombardeo de terminachos vulgares contra la controvertida figura, toda ella hechura suya.

 ¡Dios nos ampare de estos padres de la patria!

A hoy, ninguno está preso, sólo queda la huella de un lenguaje que desnuda el alma de este pobre personaje.

Y así pudiera señalar a medio gabinete, con lenguaje rastrero y mintiéndole al país con descaro increíble, o al mismo Petro, incendiando al país político, económico y social con su lenguaje, y tratando a la prensa de manera desobligante, por el sólo “delito” de  denunciar, como si ello no hiciera parte misional de nuestro oficio. El presidente, ante la investigación de su cuestionada servidora pública, llegó a una escalada de ataques a la prensa de manera atroz, hasta tildarla de “prensa Mossad”, calificativo que genera nuevas alertas sobre ataques a la libertad de prensa, tesoro de cualquier democracia.

Es de aclarar que “El Mosad​ o Mossad”, es nada más y nada menos que el Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales de Israel, responsable de la recopilación de inteligencia, acción encubierta, espionaje y contraterrorismo”. El señalamiento, teñido de virulencia hacia Israel, desconoce que (para nadie es un secreto) los grandes escándalos de corrupción en este país no los destapa la Fiscalía, ni la Procuraduría, ni las ías juntas: los destapa la prensa, aunque sepamos que la impunidad y el vencimiento de términos llegue al 93.5 de los casos.

La tirria no puede ser más extrema: señalando a periodistas que investigan a la controvertida señora Laura Sarabia, el Presidente “se despachó”, ya no solo señalando a esos periodistas que la investigan, sino contra la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, organización que nos protege y agremia como periodistas de Colombia. Ante tal circunstancia, el sábado 29 de junio, la asamblea y junta directiva de la FLIP, en una carta abierta al presidente, debió advertirle: “Su intento por deslegitimar a esta Fundación sienta un precedente perjudicial y alimenta el temor de la censura”.

La segunda parte del comentario de Úrsula Kroeber, por oposición al primero, dice:

El lenguaje utilizado como fin en sí mismo, para cantar un poema o contar una historia, va hacia la verdad. Un escritor es una persona a la que le importa el significado de las palabras, lo que dicen y cómo lo dicen. Los escritores saben que las palabras son su camino hacia la verdad y la libertad, y por eso las usan con cuidado, pensamiento, miedo y deleite. Usando bien las palabras fortalecen sus almas. Los narradores y poetas se pasan la vida aprendiendo esa habilidad y el arte de utilizar bien las palabras. Y sus palabras hacen que las almas de sus lectores sean más fuertes, más brillantes y más profundas”.

Un idioma tan bello y tan rico como el español, en nuestro caso, usado con tanta maestría por escritores como Levis Wallace, Oscar Wilde, José Saramago, Meira del Mar o García Márquez, no debería ser usado para auto descubrir la pestilencia de algunas almas; debería ser usado para lo segundo: para fortalecer las almas y dignificar a un país.