Pedro Juan González Carvajal

Para nosotros los antioqueños, hablar de BANCOLOMBIA es hablar del Banco de uno, del Banco de todos, como en su momento nos referíamos así al Banco Industrial Colombiano -BIC- o a nuestra muy querida y añorada CONAVI.

BANCOLOMBIA es para nosotros lo que el Banco de Occidente es para los Vallunos o el Banco de Bogotá para los Bogotanos, teniendo presente una permanente y sana competencia por la calidad del servicio y el aprovechamiento de los avances tecnológicos para facilitar las operaciones y darles seguridad a las diferentes transacciones que realizan sus clientes.

Su solvencia patrimonial, sus buenos resultados, las campañas cívicas que ha liderado -como la del apoyo al METRO en sus momentos más oscuros, que determinó lo que hoy se reconoce como la CULTURA METRO-, han hecho posible que lo consideremos merecidamente como parte del patrimonio de los antioqueños.

Sin embargo, de un tiempo para acá, sobre todo después de las fusiones de Banco de Colombia y de CONAVI, la plataforma tecnológica que soporta el negocio -o las diferentes plataformas- se han vuelto inestables y los daños o la suspensión temporal de la operación se hacen cada vez más frecuentes, con los enormes perjuicios de todo tipo que estas conllevan para personas e instituciones.

Y es que ya no son casos aislados y esparcidos en el tiempo. Es normal la falla en el servicio con el consecuente deterioro de la imagen, la confianza y la credibilidad ante sus casi 20 millones de clientes, entre los cuales me encuentro.

Desde hace años, se ha tratado de sostener y darle mantenimiento a una plataforma que a punta de “parches” como se dice en el argot técnico y hoy inundada por el uso de las llamadas APPS que cumplen funciones puntuales y focalizadas pero que no fueron diseñadas para una posterior integración, se ha tenido que incrementar la labor de mantenimiento y de reacción ante las fallas, con los enormes costos de todo tipo y con la insatisfacción y preocupación de los  diferentes públicos de interés que resultan damnificados.         

Competir en un mundo globalizado y altamente competitivo como lo es el mercado bancario, con herramientas tecnológicas que no ofrecen la suficiente garantía es un verdadero despropósito, un verdadero suicidio.

Es claro el desconocimiento de cómo se maneja al interior de BANCOLOMBIA este tema tecnológico, pero como usuario uno lo padece, y por los resultados evidentes, algo no está funcionando bien.

Hablar de incrementar la bancarización en un país como Colombia, ante este tipo de circunstancias, resulta como mínimo pretencioso e irrespetuoso, y lo básico que se le exige a un banco es la salvaguardia del dinero de los clientes y el respeto que merecen por la confianza depositada, a través de cada vez más y mejores servicios y obviamente, productos adecuados a tasas competitivas, acompañado todo esto de un alto rendimiento en la seguridad transaccional.

Por respeto y tranquilidad consigo mismo, BANCOLOMBIA debe acceder lo más pronto posible a una más eficiente y segura plataforma, teniendo en cuenta que existen alternativas probadas en muchos países del mundo.

De igual manera, ante los diferentes clientes y distintos grupos de interés que merecen respeto y consideración, es inaplazable ponerle coto a la incertidumbre creciente con respecto a la estabilidad y el buen funcionamiento de la o las plataformas tecnológicas que soportan las transacciones cotidianas.

Es hora de las decisiones de fondo, de la acción y del establecimiento de los correctivos del caso.

Recordemos que no por hacer más de lo mismo, podemos esperar obtener resultados distintos.

¡¡¡Para adelante!!!