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Por Iván de J. Guzmán López
La historia es iluminadora y, en muchos casos, permite explicar el presente y prospectar adecuadamente el futuro, aunque en algunas oportunidades no sabe explicar claramente algunos fenómenos. Tal es el caso de Álvaro Leyva Durán, tercer hijo del doctor Jorge Leyva Urdaneta, nacido el 4 de julio de 1912, en Bogotá, y fallecido el 23 de diciembre de 1968, en la misma ciudad. Procedía, el doctor Jorge, de una familia aristocrática de militares conservadores.
Después de iniciar estudios primarios con los Hermanos de La Salle, los continúa en el Instituto Momignies, en Bélgica, y en la Saint-Josephs Academy de Londres, Inglaterra. Años después regresa a Colombia y recibe su Bachillerato en el Colegio Mayor de San Bartolomé. Inmediatamente Ingresa a la Universidad Javeriana, en Bogotá, donde recibe el título de doctor en Ciencias Jurídicas y Económicas.
Leyva Urdaneta, a mi juicio, fue uno de esos honorables (verdaderamente, en toda la acepción del calificativo) dirigentes conservadores de antaño, lleno de méritos humanos y profesionales y respetado por su ser (no por su tener, como se usa ahora). Su vida fue la de un abogado prestigioso, economista y político que alcanzó, con el partido conservador como centro de su siempre militancia, una amplia figuración política, en la cual lo encontramos como concejal de Bogotá a escasos 25 años de edad, en 1937; diputado de Cundinamarca, en 1939; luego, congresista, tanto en Senado como en Cámara; gobernador del departamento de Cundinamarca, ministro en cuatro ocasiones de gobiernos conservadores y 2 veces candidato a la presidencia de la república. Se unió en matrimonio, en 1939, con María Durán Laserna, con quien tuvo a sus hijos María Cristina, Fernando, Álvaro, Jorge, Santiago, Dorotea, Pilar e Inés Leyva Durán.
Tras la caída del gobierno de Laureano Gómez, de quien era amigo, Leyva Urdaneta y su familia se exiliaron hasta la caída del régimen militar, en 1957. De regreso a Colombia, Leyva Urdaneta intentó sin éxito ser presidente de Colombia; la primera vez en 1958, y la segunda en 1962, siendo ambas veces derrotado por el candidato bipartidista de turno.
Jorge Leyva Urdaneta falleció por neumonía y complicaciones cardiacas, al medio día del 23 de diciembre de 1968, con apenas 56 años, en una habitación de la Clínica Marly, para luego ser sepultado en el Cementerio Central de Bogotá.
La historia es iluminadora y, en muchos casos, permite explicar el presente y prospectar adecuadamente el futuro aunque, en algunas oportunidades no sabe explicar claramente algunos fenómenos, habíamos dicho al empezar este artículo. Tal es el caso de Álvaro Leyva Durán, tercer hijo del doctor Jorge Leyva Urdaneta, difícil de explicar.
Bastante inexplicable, porque, hijo de Jorge Leyva, y bajo la sombrilla conservadora, destaca como abogado, diplomático y político de carrera, pero, hace ya buenos años, su vida y sus pasos lo llevaron a una relación confusa y algo fraternal (según medios de prensa) con los grupos armados ilegales que vienen asolando a Colombia por espacio de más de sesenta años, incluyendo al M-19, nacido a partir de los confusos hechos electorales de 1970 cuando, según el “Informe Final y la Plataforma Digital de la Comisión de la Verdad”, la noche del 19 abril de 1970 las emisoras daban por ganador al General Rojas Pinilla, por una diferencia cercana a los 113.000 votos. Fue entonces cuando el Gobierno, en cabeza del ministro Carlos Augusto Noriega, prohibió los boletines radiales y él mismo dio los resultados oficiales hasta ese momento: Rojas aventajaba a Pastrana por algo más de 9.000 votos. Se impuso el riesgo inminente de que los liberales, en cabeza del presidente Carlos Lleras Restrepo, no pudieran cumplir lo pactado doce años atrás. El presidente decretó el toque de queda y a la mañana siguiente la ecuación electoral había cambiado: Pastrana tenía una ventaja de 2.617 votos sobre el General, que con los escrutinios completos llegaron a ser 63.557 de diferencia.
Recordemos que, tras la caída del gobierno de Laureano Gómez, de quien era amigo, Leyva Urdaneta y su familia se exiliaron hasta la salida del régimen militar, en 1957, hecho histórico que no explica la amistad de muchos años atrás de Leyva Durán con grupos de izquierda, y menos ahora cuando se alejó del espectro de derecha para unirse al llamado “progresismo”, hecho confirmado con su designación como canciller o Ministros de Relaciones Exteriores de Colombia, en 2022, por el presidente Gustavo Petro, a quien ahora, luego de su salida del gobierno por incidente vergonzoso en un contrato para la expedición de pasaportes, acusa, mediante una verdadera “carta bomba”, en la cual señala públicamente al presidente de Colombia de cometer abusos de poder y fustiga a sus dos funcionarios más cercanos, Armando Benedetti y Laura Sarabia.
Según dice Santiago Torrado en su columna de El País, fechada en Bogotá a 23 de abril de 2025, Álvaro Leyva Durán, en su carta, “hace honor a la fama de agitador que se ha ganado a lo largo de su dilatada vida pública en Colombia. El octogenario político de origen conservador, que inició el mandato de Gustavo Petro como el canciller de la paz total y uno de los más fieles escuderos del presidente, ha completado el giro necesario para convertirse en uno de los críticos más venenosos del Gobierno al que perteneció. Su más reciente dardo apunta a la vida privada de un mandatario que ha sido objeto de intensa especulación desde que fue alcalde de Bogotá, hace más de una década”.
Los más graves de la carta bomba, salida del más puro cuño de Leyva Durán, es el señalamiento de que el presidente Petro es drogadicto, cosa que animó a los detractores del gobierno a recordar una de las frases más famosas del fallecido candidato presidencial Rodolfo Hernández, cuando señaló: “Meten prostitutas, meten trago, meten de todo, meten cocaína, meten mariguana y no pasa nada”. Adicional, acusa a Laura Sarabia y Armando Benedetti de tener “secuestrado” al presidente (por lo que saben de la campaña), y concluye con un llamado a la unidad nacional e instando al presidente a evitar un “incendio social” y a trabajar por la reconciliación del país.
Por los antecedentes señalados, que la historia no me puede explicar, digo que toda manifestación verbal o escrita por Leyva Duran, debe asirse con pinzas y olerse con tapabocas; no obstante, si el receptor de la carta es acusado día y noche (aunque asegure que su única adicción es al café y al amor) de problemas graves de personalidad, alcoholismo y dependencia de sustancias por identificar, es claro que el escándalo (que promete otros episodios, quizá más reveladores y malolientes) es suficiente para tumbar a cualquier presidente inscrito dentro de una democracia, y más en la nuestra, cuando Colombia, seguramente, será descertificada por la deficiente o ninguna política de erradicación de cultivos ilícitos. Sin hablar de indignidad presidencial, que ha cobrado el puesto a varios presidentes.
Recordemos que, en las últimas tres décadas, cinco presidentes latinoamericanos han sido sometidos a juicio político, acusados de corrupción o mal desempeño de sus funciones, y cuatro de ellos fueron obligados a dejar el cargo.
A veces llegan cartas…, canta con entusiasmo el gran Miguel Rafael Martos Sánchez, más conocido como Raphael, y Leyva promete que llegarán más.
