Por: Balmore González Mira

Después del tema de salud, uno de los sectores que más debería cuidarse durante la pandemia y posterior a ella, es el educativo, como base fundamental de las actuales y  nuevas sociedades.

Dando por descontado que la básica primaria es una obligación del estado y que éste puede garantizarse en los establecimientos públicos, obviamente con un análisis por separado de quienes acuden a la educación privada,  con todas las dificultades y limitaciones que hayan, nos preocupa ahora la problemática de la educación superior, sus costos y lo que implica la virtualidad, el nuevo  desempleo de padres de familia y los índices de deserción a corto, mediano y largo plazo que hoy se calcula en el próximo semestre entre un 30 a 35%, con posibles aumentos para 2021 si no se reactiva la economía rápidamente, sin contar con las frustraciones de estudiantes que van a ver truncados sus sueños de ser profesionales de los claustros que escogieron para ser educados.

A las diferentes propuestas que se están haciendo públicas, que van desde préstamos bancarios a “bajos intereses”;  la invitación de universidades a arrancar con un pago del 30%  de la matrícula y el 70% en los 5 meses siguientes, pasando por la iniciativa del politécnico Jaime Isaza Cadavid de exonerar de pago de matrícula a los estudiantes de las universidades públicas de Antioquia y que éstas sean asumidas por los gobiernos nacional y departamental;  que los municipios del área metropolitana con capacidad de pago subsidien a sus estudiantes de bajos recursos y las demás iniciativas planteadas, nos unimos con algunas más que pueden servir en este ejercicio.

Los elevados costos de las matrículas en universidades privadas que tiene sumida en la mayor angustia a miles de familias y que  se irán al traste con la educación de 350 jóvenes de cada 1.000 matriculados en el país, donde  la deserción puede catalogarse como la peor pandemia académica de la historia, pues quienes ya van en semestres avanzados y sus padres hayan quebrado o quedado sin empleo, verán frustrados sus sueños de ser profesionales y llegarán a un mercado que los mantendrá desempleados no sabemos por cuánto tiempo.

Una posible solución es que el Estado haga efectivo un crédito con carácter  extraordinario con el Banco Interamericano de Desarrollo, BID,  quien siempre en sus estudios ha concluido que la educación es el camino, para que con él pague o subsidie las matrículas de los estudiantes de bajos estratos o que sus familias no tengan capacidad de pago y puedan terminar sus estudios.

Se debe también  estudiar una inyección urgente al presupuesto del Icetex que permita triplicar los créditos a los estudiantes que nunca los utilizaron y que se los empiece a cobrar una vez éstos se empleen y arranquen su vida productiva independiente,  después de terminar sus estudios, como una forma de ayudar a estudiantes y de paso a las universidades para que no pierdan su flujo de caja y no tengan que cerrar.

Otra es la alianza púbico privada -APP-, entre universidades públicas y privadas y lo mismo entre aquellas y éstas; que permita a estudiantes de universidades privadas donde no pueden pagar los próximos y futuros semestres, y que van en semestres avanzados, poder terminar con pénsumes de universidades públicas de excelente calidad pero de bajo costo y poder titularse con la firma de ambas instituciones educativas, un ejemplo puede ser el que un estudiante de la Universidad Eafit, que le falte uno o dos semestres y que su familia haya caído en desgracia, pueda terminar su carrera en la Universidad de Antioquia con los valores de esa matrícula y que ambas universidades firmen su diploma. Inclusive estudiantes que vinieron de otros departamentos a estudiar presencial a universidades de Antioquia podrían terminar por ejemplo en Bogotá, donde reside su familia y así bajar costos, por ejemplo que adelante sus estudios acá en la UPB y que vaya a terminar sus últimos semestres a su casa en la Pontificia Universidad Javeriana y que el diploma sea firmado por ambas instituciones. Convenios y alianzas entre universidades, avalados por el Ministerio de Educación son una alternativa para ayudar a este preocupante panorama.

Que los docentes de las universidades privadas como van a estar desde sus casas en educación virtual y sus gastos se bajan, que pacten una disminución de sus pagos en un porcentaje concertado calculando el ahorro que van a generar al no tenerse que desplazar diariamente a las universidades, con los gastos de transporte, parqueadero, vestuario y cafetería que ello genera. Esa reducción salarial, más lo que se ahorran los claustros universitarios en gastos de funcionamiento, se deberían ver reflejados en la disminución de matrículas millonarias que superan en muchos de nuestros centros educativos, los diez millones de pesos semestrales.

La otra alternativa inmediata y urgente para el Departamento de Antioquia, es la inyección de recursos y tecnología y la proyección hacia todas las regiones del   bachillerato y la Universidad Digitales, implementadas exitosamente en la administración anterior y que muy seguramente son una salida ya, a la crisis que se avecina en la educación superior; si no nos reinventamos rápidamente, perdemos lo logrado en educación superior, pues el coletazo de la recesión irá durante varias años, disminuyendo los presupuestos de las familias que, como ya lo hemos dicho y visto, han perdido sus negocios, sus empleos y sus ingresos y cualquiera o varios de estas alternativas, les harían más fácil ir saliendo de este embudo en el que nos ha metido el microscópico coronavirus.

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