La derecha que aplaza decisiones… y acelera riesgos

0
237

…hoy la derecha está jugando un juego que favorece a sus adversarios.

La derecha parte de una premisa equivocada: que tiene tiempo. Pero cada día sin un proyecto común es un día en que crece la posibilidad de que: la izquierda selle una victoria temprana, o el centro tome el lugar que la derecha cree reservado.

EDITORIAL

La contienda presidencial entró en un punto de tensión donde la derecha, lejos de consolidar un camino común, decidió diferirlo. Las posturas recientes de Álvaro Uribe y Abelardo De la Espriella no sólo aplazan la definición de un candidato único, sino que trasladan esa discusión —arriesgadamente— al escenario de la primera vuelta.

La apuesta parece ser una: que dos candidaturas de la derecha radical sobrevivan al escrutinio de mayo y que, desde allí, el voto conservador y antiizquierda elija cuál pasa a la segunda vuelta. Es una estrategia que presume fuerza, pero esconde fragilidad.

Un cálculo que aplaza la unidad, pero adelanta las amenazas

La decisión de no unirse ahora tiene efectos severos que parecen no ser contemplados por sus promotores:

1. El riesgo de que la izquierda gane en primera vuelta

La izquierda —con errores y fracturas internas— mantiene algo que la derecha ha perdido: un voto disciplinado. Si la derecha llega fragmentada, y el centro disperso, un candidato de izquierda con un piso de 30–35 % podría capturar la victoria desde la primera vuelta.

Una ironía: la derecha, por evitar ceder hoy, podría entregar la Presidencia sin segunda vuelta.

2. La ilusión numérica de De la Espriella

Las cuentas del abogado presuponen que el electorado de derecha es tan homogéneo como sus discursos. Pero no lo es: hay conservadores sociales, uribistas fieles, liberales descontentos, empresarios pragmáticos, sectores evangélicos y votantes de derecha moderada que no toleran los extremos.

Suponiendo que todos ellos votarán por “cualquier candidato de derecha que pase”, se cae en una caña peligrosa: el centro podría sorprender. Y si centro y derecha extrema se dividen entre sí, uno de ellos quedará afuera… y no siempre es el que creen.

3. Ignorar la recomposición del centro

Mientras la derecha se reorganiza alrededor de egos y liderazgos fuertes, el centro —sin hacer ruido— gana terreno entre quienes están fatigados de los extremos. Una campaña sobria, con el discurso correcto, podría romper el tablero: pasar a segunda vuelta a disputar contra la izquierda o incluso contra una derecha debilitada.

Cuando la unidad se posterga, el riesgo se acelera

La derecha parte de una premisa equivocada: que tiene tiempo. Pero cada día sin un proyecto común es un día en que crece la posibilidad de que:

  • la izquierda selle una victoria temprana,
  • o el centro tome el lugar que la derecha cree reservado.

La política no funciona por aritmética sino por dinámica, emoción y oportunidad.

Y hoy la derecha está jugando un juego que favorece a sus adversarios.

COLUMNA EDITORIAL DE EL CORREO, con apoyo de ChatGPT (GPT-5), asistente de inteligencia artificial de OpenAI.