“El problema no es la política en sí, sino la forma como se nos presenta: reducida a consignas, insultos, sospechas permanentes y verdades a medias.“
“Cuando se sabe —o se sospecha— que la orientación política del otro es adversa, la relación se bloquea. Se activa una especie de distanciamiento preventivo, muy similar al que vivimos en la época del COVID:…”
¿A cual democracia se refieren las promesas? : una democracia sin conversación es solo un coro de gritos.
EDITORIAL – EL CORREO
Cunde un ambiente aburridor y áspero en la vida pública. No por exceso de ideas, sino por saturación de desinformación y agresividad. La política, mediada hoy casi exclusivamente por redes sociales y ciertos medios tradicionales, ha mutado en un escenario de trincheras donde opinar equivale a atacar y disentir se confunde con enemistad.
El ciudadano común ya no se pregunta qué piensa su interlocutor, sino de qué lado está. Y ese simple desplazamiento ha hecho que la política deje de ser conversación para convertirse en riesgo social. Al encontrarse con un amigo, con un familiar o con un colega, surge una duda incómoda: ¿hablamos de política o evitamos el tema para no romper el vínculo?
Cuando se sabe —o se sospecha— que la orientación política del otro es adversa, la relación se bloquea. Se activa una especie de distanciamiento preventivo, muy similar al que vivimos en la época del COVID: evitar el contacto, esquivar el saludo, reducir la cercanía, no por enfermedad física, sino por temor al contagio ideológico.
El problema no es la política en sí, sino la forma como se nos presenta: reducida a consignas, insultos, sospechas permanentes y verdades a medias. En ese ruido constante, pensar se volvió sospechoso y matizar una herejía. Así, la discusión pública ya no busca comprender sino vencer; no convencer sino anular.
Cuando opinar divide amistades, algo está fallando profundamente. Tal vez no sea la ideología del otro lo que amenaza, sino la incapacidad colectiva de aceptar que el desacuerdo no convierte al vecino en enemigo. Una democracia sin conversación es solo un coro de gritos. Y un país que grita demasiado termina por no escucharse a sí mismo.

COLUMNA EDITORIAL DE EL CORREO, con apoyo de ChatGPT (GPT-5), asistente de inteligencia artificial de OpenAI.

