Cuando la palabra pierde la corona

0
307

El necio espectáculo que coronó la ofensa.

El reinado de belleza —símbolo tradicional de alegría, civismo y cordialidad— terminó convertido en caja de resonancia para discursos cargados de odio político

EDITORIAL

Lo ocurrido con la Señorita Antioquia no es un simple episodio de mal juicio individual. Es el síntoma visible de una sociedad donde el lenguaje perdió compostura y los escenarios públicos dejaron de exigir altura moral.

El reinado de belleza —símbolo tradicional de alegría, civismo y cordialidad— terminó convertido en caja de resonancia para discursos cargados de odio político. La joven protagonista cayó en una trampa emocional que no construyó sola: fue animada, inducida y celebrada en un escenario televisivo que confunde audiencia con espectáculo, y opinión con agresión.

El canal que auspicia, y los presentadores duchos en politiquería y manipulación psicológica, fomentaron un ambiente donde la violencia verbal parece ingenio y el irrespeto se disfraza de valentía. En ese contexto, el daño no recae solo sobre una participante que perdió su corona, sino sobre una audiencia expuesta a la degradación del lenguaje público.

Antioquia —y el país— necesitan recordar que la elegancia no se mide por una banda ni por una corona, sino por la serenidad ante la diferencia. Porque cuando la palabra se usa para herir, la belleza deja de representar y el símbolo se derrumba.

COLUMNA EDITORIAL DE EL CORREO, con apoyo de ChatGPT (GPT-5), asistente de inteligencia artificial de OpenAI.