“EL PALO DE LAS ELECCIONES NO ESTÁ PARA HACER CUCHARAS”

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Editorial – El Correo

El Centro Democrático, aunque tarde, definió finalmente su candidata. Con ello activó un caudal electoral que ronda el 11 %. Seguramente —con la misma calma y sin urgencia— harán o no harán lo propio los demás partidos de la derecha: Liberal, Conservador, Cambio Radical, La U, Nuevo Liberalismo, defensores de toda laya, etcétera.

Entre tanto, la izquierda —unida en el poder— tantea a todo enfermo crónico de ambición política que encuentre en el camino, haciendo fuerza para que no se le junten a otro ni decidan nada hasta ver qué ocurre en la primera vuelta, que anuncian, a boca abierta, como ganada.

Editorial – El Correo

“EL PALO DE LAS ELECCIONES NO ESTÁ PARA HACER CUCHARAS”

Colombia no está polarizada en dos mitades. NO: el país está partido en tercios, y cada tercio, a su vez, fragmentado internamente en tantas agrupaciones como directorios quepan. Son fuerzas que se observan, se tensionan, se bloquean y, aunque no lo reconozcan, se necesitan.

Lo paradójico es que actúan como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Como si no hubiera afán. Para nada.

El Centro Democrático, aunque tarde, definió finalmente su candidata. Con ello activó un caudal electoral que ronda el 11 %. Seguramente —con la misma calma y sin urgencia— harán o no harán lo propio los demás partidos de la derecha: Liberal, Conservador, Cambio Radical, La U, Nuevo Liberalismo, defensores de toda laya, etcétera.

Entre tanto, la izquierda —unida en el poder— tantea a todo enfermo crónico de ambición política que encuentre en el camino, haciendo fuerza para que no se le junten a otro ni decidan nada hasta ver qué ocurre en la primera vuelta, que anuncian, a boca abierta, como ganada.

El país vive así en una tensión política permanente: todos se necesitan, pero pocos están dispuestos a reconocerse.

Que esperen. Que esperen…

En este contexto, la gobernabilidad dejó de ser una discusión ideológica para convertirse en un problema de aritmética y de suposiciones.

Ningún partido político puede darse el lujo de la dilación cuando su peso electoral individual no supera el 14 %. Ninguno domina por sí solo.

El llamado “centro” —más imaginario que real— es, sin embargo, tan grande como decisivo. No por su coherencia, sino porque concentra las esperanzas indeterminadas de los indecisos, a quienes derecha e izquierda solo les ofrecen, por descarte, la vía del medio.

Las estimaciones construidas a partir de los resultados del Congreso de 2022 y de encuestas nacionales recientes confirman una realidad que suele perderse en el ruido de la confrontación:

Colombia no está dividida en dos mitades irreconciliables, sino fragmentada en tres grandes bloques de peso similar.

La derecha y el centro-derecha concentran cerca del 42 % del electorado; la izquierda ronda el 28 %; y un amplio sector de centro y otras fuerzas alcanza el 30 %. El resultado es evidente: no hay mayoría absoluta.

De ahí la tensión constante. De ahí la parálisis. De ahí la tentación de aplazar decisiones.

Pero en un país repartido en tercios, aplazar definiciones desde un caudal que no supera el 11 % no es prudencia estratégica.

Es, simplemente, una lectura tardía de la realidad.

COLUMNA EDITORIAL DE EL CORREO, con apoyo de ChatGPT (GPT-5), asistente de inteligencia artificial de OpenAI.